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AYALAS Y OSORIOS, DE SASAMÓN A VENEZUELA
Isaac Rilova Pérez
Doctor en Historia. UNED
Es sobradamente conocido en nuestra provincia, dentro de la tipología de la arquitectura nobiliaria de la que afortunadamente todavía quedan muestras en nuestros pueblos, el palacio de los Osorio-Villegas, o Casona de Santa Teresa, de Sasamón. Esta noble casona renacentista fue el solar originario de nobles familias que dejaron su impronta en el escudo que campea encima de la puerta principal de este palacio. Allí aparecen tres linajes principales, como son los Ayala Calderón, los Villegas y los Osorio-Villegas que se refunden en el apellido Osorio.
En los manuales de heráldica el blasón de los Ayala muestra dos lobos de sable y bordura de aspas de oro y el de los Calderón cinco calderas de sable en campo de oro. Pues bien, si contemplamos la casona citada de los Osorio-Villegas de Sasamón, observaremos que en el escudo central aparecen, junto a motivos propios de esta familia (Villegas) como son la cruz flordelisada de sable y calderas (Calderón) y castillos en dos cuarteles, un lobo de sable en otro (Osorio y Ayala), bordeado todo el escudo con aspas de oro, en recuerdo de haber tomado parte algunos de los caballeros de este linaje en la conquista de Andalucía con don Fernando III el Santo.
Tamaña coincidencia habla por sí sola de la estrecha relación familiar que unía a los Ayala Calderón con los Osorio-Villegas en las personas de don Juan de Ayala Calderón, doña Beatriz de Osorio y Villegas y don Diego de Osorio y Villegas.
Pues bien, algunos de estos personajes son protagonistas destacados, a finales del siglo XVI, de un viaje a América por motivos familiares. Según un documento del Archivo de Indias de Sevilla, de 1589, Juan de Ayala Calderón, vecino de Sasamón, casado con doña Beatriz de Osorio y Villegas, pide permiso notarial a su mujer para efectuar un viaje a las Indias, a Venezuela, acompañando a doña Beatriz de Medina Herrera , mujer que es de don Diego de Osorio Villegas, gobernador y capitán general de Venezuela. Este documento nos da pie a preguntarnos quién es Juan de Ayala Calderón, quién es Beatriz de Osorio, quién es Diego de Osorio y Villegas, y quién es, también, Beatriz de Medina Herrera.
Juan de Ayala Calderón y doña Beatriz de Osorio y Villegas
Los dos primeros personajes son Juan de Ayala Calderón Alameda, caballero de la Orden de Santiago, casado con Beatriz de Osorio, que es hermana del gobernador de Venezuela. Ambos hermanos, Diego y Beatriz de Osorio fueron hijos del licenciado Martín Gutiérrez de Villegas, señor de la Casa de Villegas en Sasamón, y de doña Beatriz Barba Osorio, de la Casa de los Osorio de Villasandino, apellido que heredaron sus hijos, abandonando entonces el de Villegas por el de Osorio .
Juan Ayala Calderón y Beatriz Osorio tuvieron al menos cinco hijos: Andrea, nacida en 1577; Juan, nacido el 19 de junio de 1584; Diego, el 6 de agosto de 1585, Pedro, el 7 de diciembre de 1591 y Petronila, el 4 de marzo de 1595. Andrea casa con Antonio de Villegas, hijo de Sancho Ruiz de Villegas y de doña Magdalena de Villegas, vecinos de Villasebil, en el valle de Toranzo en la actual Cantabria, casa matriz de los Villegas peninsulares. Este Antonio de Villegas y Osorio, vecino de Sasamón y Valtierra, probaría nobleza en la Real Chancillería de Valladolid en 1594. Pero volvamos al tema que nos ocupa.
Si Juan de Ayala Calderón, ante el notario de Sasamón, solicita a su mujer una autorización para ir a América, se debe a la petición de su cuñado el gobernador, quien se lo había solicitado por escrito desde Santo Domingo por ser el deudo más cercano que tiene y con quien podrá ir [su mujer] mejor que con otro ninguno . Juan Ayala Calderón tiene, además, que solucionar algunos asuntos con su cuñado y, como es caballero principal hijodalgo y de calidad, pide autorización, que se le concede, para a viajar con tres criados. El escrito, a que hacemos referencia, dice así de manera sumaria:
En la villa de Sasamón, a veinte y cuatro días del mes de abril de mil e quinientos y ochenta y nueve años, por ante mi, Martín de Villegas, escribano por el Rey nuestro Señor, del número y concejo de la dicha villa y de los testigos yuso escriptos, pareció presente don Juan de Ayala Calderón, vecino de la dicha villa de Sasamón, e dijo que con el favor e ayuda de Dios nuestro Señor y de su bendita Madre, él tiene determinado de ir a las Indias y partes continentales y a la provincia de Venezuela, que cay [cae]en estas dichas Indias, y por ser como es casado y velado en orden de la santa Iglesia con doña Beatriz Osorio, su mujer [h]abrá como diez u onze años, y para ver de hacer el dicho camino y viaje es necesario que él lleve testimonio del escribano como la dicha doña Beatriz Osorio, su mujer le daba y le dio licencia para hacer el dicho camino y viaje
yo el dicho escribano doy fe e verdadero testimonio que el dicho don Juan en mi presencia pidió a la dicha doña Beatriz Osorio, su mujer, licencia para haber de ir y hacer el dicho camino y viaje, e porque ha de ir acompañando a doña Beatriz de Medina, mujer que es de don Diego Osorio, gobernador por el Rey nuestro Señor de la provincia de Venezuela .
Casa de los Osorio-Villegas
Don Diego de Osorio y Villegas y doña Beatriz de Medina Herrera
Los otros dos personajes son Diego Osorio y Villegas, a quien suponemos nacido hacia 1540 en Villasandino, y su mujer, doña Beatriz de Medina Herrera, vecina de Sasamón. Diego de Osorio participó desde muy joven en las campañas de Flandes por espacio de quince años y seguidamente, durante otros nueve, sirvió en la flota de galeras en Italia y en España. Finalmente, tras haber ejercido el cargo de comandante de la flota de galeras de Santo Domingo, en 1582, cargo que desempeñó por espacio de tres años , fue nombrado gobernador y capitán general de Santo Domingo.
Con tal motivo, Osorio decide que su mujer se traslade a la isla, para lo cual solicita la autorización oportuna, que es concedida mediante Real Cédula firmada en El Pardo el 4 de mayo de 1587, en la cual se ordena a Pedro Meléndez Márquez, capitán general de la flota de Nueva España, para que lleve consigo a doña Beatriz de Medina y Herrera, esposa de don Diego Osorio, capitán general de Santo Domingo, y la deje desembarcar en uno de los puertos de dicha isla .
Doña Beatriz, dada su alcurnia, solicitó llevar consigo en este viaje a América a su madre, una hermana, dos criados y dos mujeres de servicio; el valor de mil pesos de oro en cosas necesarias para su servicio y casa; cuatrocientos pesos en joyas de oro y plata labrada; tres esclavos negros; y cuatro criados, dos de ellos casados, con sus mujeres e hijos.
No pudo efectuarse el traslado de doña Beatriz por varias razones, como la lentitud con que todo tipo de relaciones entre la Península y América se llevaban a cabo, teniendo en cuenta las enormes distancias existentes, pero también, y de manera fundamental, porque cayó muy enferma, por lo cual se vio imposibilitada para realizar su pretendido viaje a Santo Domingo .
La segunda oportunidad, en fin, surgió cuando su marido, el 4 de diciembre de 1588, recibió de Felipe II la nominación como gobernador de la provincia de Venezuela:
Acatando la suficiencia, habilidad y buenas partes de vos don Diego Osorio y los serviçios que me habéis hecho y espero que me haréis, tengo por bien y es mi merced que seáis mi gobernador en la provincia de Venezuela en lugar de don Luis de Rojas, mi gobernador que al presente es de la dicha provincia .
En cumplimiento de la Real Orden, Diego Osorio llegó a esa provincia en mayo de 1589 y se estableció en Caracas, decidiendo que su esposa, doña Beatriz de Medina Herrera, acudiera a reunirse con él en dicha ciudad. Ésta reiteró el escrito de petición de personas y pertenencias que habían de acompañarla, pero desconocemos si se le concedió, o al menos con la rapidez que ella deseaba, puesto que el documento de referencia lo encontramos fechado en el tardío año de 1591.
El caso es que, como hemos relatado anteriormente, doña Beatriz, acompañada de su cuñado Juan de Ayala, resolvió, a mitad del mes de mayo de 1589, salir de Sasamón con destino a América, y está suficientemente probado, por las Relaciones de Pasajeros que se conservan en Sevilla, que don Juan efectuó el viaje con su cuñada, y que, unos meses más tarde, ambos tomaban tierra en Venezuela .
Don Diego de Osorio, Gobernador y Capitán General de Venezuela.
A la llegada de Diego de Osorio a Caracas se encontró con una población que estaba soliviantada contra su predecesor, y tales fueron las quejas que contra él se formularon, que se vio obligado a residenciarle . Con esto estalló una verdadera guerra civil entre los partidarios de Rojas y Osorio. Para poner fin a las querellas, recurrió a la Audiencia de Santo Domingo, que envió un juez inquisidor, Diego de Legisamon, para depurar los hechos. Era este hombre codicioso, y para sacar mejor provecho a su comisión, encausó y procesó a determinados personajes adinerados, hasta que Osorio se decidió a quejarse a la Audiencia que, atendiéndole como era de rigor, ordenó la retirada de Legisamón.
Capitanía general de Venezuela
A consecuencia de las continuas querellas entre los partidarios y enemigos de Rojas, Carballeda, que era el único puerto de mar que comunicaba con la ciudad de Santiago de León de Caracas, como se llamaba la actual Caracas, quedó enteramente despoblado. Viendo Osorio que resultaban inútiles todas sus gestiones para obtener la repoblación de la villa, ordenó la construcción de un fuerte, una atarazana y un muelle. Alrededor de esas instalaciones se fue configurando la localidad portuaria de La Guaira, fundada por Osorio el 29 de junio de 1589. La Guaira es actualmente la capital del Estado de Vargas. En 1593 fundaría las ciudades de Guanaré y Victoria. Mantuvo en general una política de pacificación y trató de evitar los conflictos entre los españoles y la población indígena, intentando controlar los abusos de los encomenderos.
En 1596, por segunda vez, fue nombrado gobernador y capitán general de La Española, por quanto al presente están vacos (libres) los cargos de mi gobernador y capitán general de La Española, y conviene proveerlos en persona que tenga plática e inteligencia de las cosas de aquella isla
, y porque tengo entera satisfacción de que todas estas partes concurren en vos, don Diego de Osorio, mi gobernador que al presente sois de la provincia de Venezuela, por la presente os elixo y nombro para los dichos cargos de mi gobernador y capitán general de la dicha isla .
Un año más tarde, en 1597, fue nombrado presidente de la Real Audiencia de Santo Domingo. En abril de ese año realizó el traspaso de poderes a su sucesor en la gobernación de Venezuela, Gonzalo de Piña Ludueña . Al parecer, su gobierno fue muy estimado entre la población colonial, que, al término de su mandato, solicitó a la Corona su ratificación en el cargo. Sin embargo, don Diego Osorio y Villegas partió hacia Santo Domingo, donde murió tres años después, el 26 de octubre de 1600. Dejaba un hijo llamado Juan Osorio. Según las crónicas, a su muerte le fue concedido el título de padre de los pobres y los esclavos negros de los ingenios dominicanos le lloraron en multitudinarias misas públicas.
FUENTES:
ADB (Archivo Diocesano de Burgos), Libros parroquiales. Bautizados y casados.
AGI (Archivo General de Indias), Indiferente y Patronato.
BIBLIOGRAFIA:
BELLO, Andrés: Resumen de la historia de Venezuela, Linkgua Ediciones, 2005.
BERMEJO DE CAPDEVILA, Mª Teresa: El Gobernador don Diego de Osorio, en Boletín Histórico de la Fundación John Boulton, 25 (1971), Caracas, pp. 11-20.
GONZÁLEZ, Eloy Guillermo: Historia de Venezuela, Caracas, Elite, 1930.
MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Carmen: La emigración castellano-leonesa al Nuevo Mundo (1517-1700), Valladolid, Junta de Castilla y León, 1993, 2 vls.
MORÓN, Guillermo: Breve historia de Venezuela, Madrid, Espasa Calpe, 1980.
PEREDA LÓPEZ, Ángela: La emigración burgalesa a América durante el siglo XVI, Burgos, CAM, 1999.
RILOVA PÉREZ, Isaac / SIMÓN REY, Jesús: Sasamón. Historia y guía artística, Burgos, Dossoles, 2005-
USLAR PIETRI, Juan: Historia política de Venezuela, Caracas, Maveco Ediciones, 1980.
YANES, Fco. Javier: Historia de Venezuela, Caracas, A. Damirón, 1840.
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Don Manuel Franco de Guzmán, señor de Olmillos y alquimista
Isaac Rilova Pérez
Doctor en Historia. UNED
A principio del siglo XVI la familia fundadora del castillo y mayorazgo de Olmillos, la estirpe de los Cartagena enlaza, a través de un caballero portugués cuyo nombre es don Juan Rodríguez Mausiño, con los Valoria, los cuales constituirán el segundo linaje en la tenencia de la fortaleza y señorío de Olmillos. En efecto, doña Ángela Rodríguez Mausiño, hija del referido don Juan Rodríguez Mausiño y de doña Leonor de Valdivielso, contrae matrimonio con don Manuel Franco de Guzmán, señor de Olmillos y alquimista, aunque, al no tener descendencia, la línea sucesoria pasa a su sobrino don Antonio Franco de Guzmán, quien el 30 de mayo de 1630 será nombrado por el Rey primer Vizconde de Valoria.
Pero vamos a referirnos a don Manuel, nacido alrededor de 1530 y fallecido en 1606, cuya residencia habitual radicaba en Valladolid, donde su abuelo era contador del Rey y regidor de la villa del Pisuerga. Estaba casado con doña Ángela Rodríguez Mausiño y una de sus principales aficiones era la alquimia. En relación con Olmillos, hemos de suponer que pasaría algunas temporadas en la casa fuerte o castillo del que era titular.
La palabra alquimia procede del árabe al-khimiya, que podría estar formada por el artículo al- y la palabra griega khumeia, que significa echar juntos, verter juntos, soldar, alear, etc. La palabra árabe kimiya, sin el artículo, ha dado lugar a la palabra castellana química, y en árabe moderno, al-kimiya, significa precisamente la química.
La historia de la alquimia es antiquísima, debiendo retrotraernos para su estudio a los antiguos caldeos y egipcios, pero vamos a hacer referencia tan sólo a los alquimistas más importantes de la época que precede a la de nuestro personaje, o sea, la Edad Media y los inicios de la Moderna.
Ya en el siglo XIII se atribuye a Roger Bacon el inicio de la búsqueda de la piedra filosofal y del elixir de la vida. El siglo XIV fue el siglo de la represión contra los alquimistas (bula papal Spondet quas non exhibent), aunque la alquimia se mantiene gracias a la labor de Flamel (1330-1417), quien también investigó sobre la piedra filosofal.
Durante la Baja Edad Media los alquimistas se concentraron en la búsqueda de la piedra filosofal y del elixir de la juventud. Y muy al principio del siglo XVI aparecieron dos figuras importantes: Heinrich Cornelius Agrippa, alquimista que creía ser mago y con poder para invocar a los espíritus, que reforzó la idea de la alquimia como ciencia ocultista, y Paracelso (1493-1541), quien rechazó las teorías mágicas de Flamel y Agrippa, promoviendo el uso de observaciones y experimentos para aprender sobre el cuerpo humano:
Muchos han dicho que la alquimia es para fabricar oro y plata. Para mí no es tal propósito, sino considerar sólo la virtud y el poder que puede haber en las medicinas .
En la Biblioteca Nacional de Madrid se encuentra un códice, el Manuscrito 7443 (antiguo T. 284), estudiado por don José Rodríguez Guerrero, editor de la revista Azogue, dedicada al estudio histórico y crítico de la alquimia, quien supone debió compilarse entre 1565 y 1575. Añade don José Rodríguez que el nombre del compilador había permanecido desconocido hasta la actualidad y que las fichas del antiguo registro de la Biblioteca Nacional atribuían su factura a Luís de Centelles. El mismo investigador observó, sin embargo, que el volumen incluía una serie de cuentas personales, fechadas entre 1559 y 1561, que reflejan los pagos que los regidores del concejo de Olmillos enviaban con regularidad en nombre de esta villa burgalesa a su señor natural, don Manuel Franco de Guzmán. Incluso pudo comprobar, para confirmar su hipótesis, cómo también la mujer de don Manuel Franco de Guzmán, doña Ángela Rodríguez Mausiño, figuraba en el códice como la responsable de dos préstamos . Al contemplar las referencias estos personajes y a la villa de Olmillos, se puso en contacto conmigo y no dudé en facilitarle cumplida información sobre los documentos en cuestión , que fueron seguidamente consultados y reflejados en su trabajo de la revista Azogue . En justa reciprocidad, también utilicé su información en mi reciente libro sobre el castillo de Olmillos .
No es fácil, para concluir, resumir en pocas palabras la labor de un alquimista como don Manuel. Ésta se centraba especialmente en tres facetas distintas: por una parte la búsqueda de la piedra filosofal, en presencia de la cual todos los metales podían ser convertidos en oro; en segundo lugar el descubrimiento del elixir de la larga vida, imaginado como una sustancia capaz de evitar la corrupción de la materia y, por último, la consecución de la Gran Obra, cuyo objetivo era llevar al propio alquimista a un estado superior de existencia, en una situación privilegiada frente al Universo. También mostraba interés don Manuel, según asegura Rodríguez Guerrero, por la interpretación alquímica de temas mitológicos y de emblemas moralizantes, dos tendencias con una rica literatura en la Edad Media .
A efectos prácticos, la búsqueda de la quinta esencia, el quinto elemento que se suponía existir en todos los cuerpos y que constituía su principio activo, hizo mejorar los procedimientos de destilación que condujeron a la aparición de los elixires y de bebidas medicinales a las que el vizconde tan aficionado parecía.
Abreviaturas:
A.H.P.B.: Archivo Histórico Provincial de Burgos
A.R.CH.V.: Archivo de la Real Chancillería de Valladolid
B.N.E.: Biblioteca Nacional de España
Mss.: manuscritos
Bibliografía:
ALGORA MORBÍ, Manuel: La Tabla Redonda de los alquimistas. 1ª Edición, Luís Cárcamo editor, colecc. Crisopeya, Madrid, 1980.
ALONSO FERNÁNDEZ CHECA, J. Felipe: Diccionario de Alquimia, Cábala y Simbología, 1ª edición. Trigo Ediciones, San Fernando de Henares (Madrid), 1995.
ATIENZA, Juan G.: Los saberes alquímicos. Diccionario de Pensadores, Símbolos y Principios, 1ª edición, Ediciones Temas de Hoy, colección Enciclopedias del Tercer Milenio, Madrid, 1995.
BURKHARD, Titus: Alquimia, 1ª edición, Plaza y Janés, Barcelona, 1971.
ELIADE, Mircea: Herreros y alquimistas, 1ª Edición, Taurus, Madrid, 1999.
FEDERMANN, Reinhard: La alquimia, 1ª edición, Bruguera, Barcelona, 1972.
PARACELSO: Catecismo alquímico, 1ª edición, Edicomunicación, S.A., Barcelona, 1993.
RILOVA PÉREZ, Isaac: Olmillos de Sasamón. Villa, Iglesia y Fortaleza, Burgos, Artecolor, 1997.
Idem: Autobiografía del Castillo de Olmillos, Burgos, Turconsa, 2006.
RODRÍGUEZ GUERRERO, José: El manuscrito 7443 de la Biblioteca Nacional de España. Identificación de su origen, autor y contenidos, en Azogue, 5, 2002-2007, pp. 67-68.
VÁZQUEZ ALONSO, Mariano: El universo de la alquimia, 1ª edición, Ediciones 29, Barcelona, 1995.
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